• En el campo mexicano hay un área de oportunidad gigantesca en cuanto a la captura de carbono. Para el campesino es una oportunidad de oro.
  • En México hay 175 proyectos relacionados a la conservación forestal, sistemas de producción silvopastoriles y de protección de manglares, que buscan ser emisores de Certificados de Carbono.

En un planeta agobiado por la sobrepoblación humana y los efectos de la contaminación causada por las actividades productivas, las industrias como la cementera, la automotriz, la petroquímica, el transporte y la quema de combustible fósiles, entre otros, la descarbonización de las economías del mundo es algo que los humanos debimos hacer hace mucho tiempo para evitar las consecuencias del cambio climático que ponen en riesgo la supervivencia de todos los seres vivos del planeta.

Sin embargo, millones de ciudadanos en el mundo y varios países ya están haciendo cambios en sus prácticas de producción y consumo con el fin de contribuir a reducir la contaminación ambiental y los efectos del cambio climático. Una de estas formas es la emisión de bonos de carbono, los cuales ya son comunes en varios países, y en México iniciará en 2023 la comercialización formal de bonos de carbono.

Los primeros esfuerzos reales para descarbonizar las economías del mundo empezaron en 2005, cuando entró en vigor el Protocolo de Kioto, el primer gran esfuerzo internacional en el que la gran mayoría de los países del mundo establecieron metas y compromisos para disminuir sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

En el Protocolo de Kioto se establecieron “mecanismos de mercado flexibles, que se basan en el “comercio de permisos de emisión”. Uno de ellos es el Comercio Internacional de Emisiones, de donde surge lo que hoy llamamos “bonos de carbono”.

Los sectores industriales que más contaminan, como el automotriz, cementero y petroquímico, fuero de inmediato señalados y conminados a hacer cambios radicales en sus procesos para reducir las emisiones de contaminantes al mínimo y contribuir a reducir el calentamiento global.

Claudia Restrepo, socia de Finanzas Sostenibles en Deloitte, comenta que otro sector productivo que también contribuye grandemente a la contaminación y al calentamiento global es la industria agroalimentaria, desde la producción de carnes, leche, huevo, principalmente, ya que los animales, producen una gran cantidad de gases de efecto invernadero que afectan el cambio climático y la huella de carbono. Además de la producción primaria, las actividades de transporte a las fábricas donde se procesan, el empaque y su distribución final a los centros de consumo también contribuyen a la contaminación ambiental del agua, el suelo y el aire.

Recordemos que, para producir 7.000 litros de leche, una vaca puede llegar a emitir 140 kilos de metano al año, emisiones equivalentes a recorrer 8.000 kilómetros en coche. El metano es uno de los gases de efecto invernadero que contribuyen al cambio climático.

En el caso del huevo, la producción se ha incrementado en las últimas décadas y ha alcanzado un volumen de 68 millones de toneladas en todo el mundo. Los científicos han cuantificado la huella de carbono por docena de huevos en 2,7 kg de CO2 equivalente, un valor similar al de otros alimentos básicos de origen animal.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el sector cárnico emite más gases de efecto invernadero que todo el transporte mundial junto (14,5% del total de emisiones). A nivel mundial el ganado y sus subproductos emiten el 51% del total de gases de efecto invernadero por lo que la industria cárnica es uno de los sectores que más contribuye al cambio climático.

Restrepo ve en la descarbonización un desafío importante para el sector alimentos y bebidas, sin embargo, si lo vemos desde la perspectiva de la ventaja, “Los certificados de carbono representan una oportunidad no sólo para los que pueden potencialmente comprarlos, también para quienes potencialmente pueden emitirlos”.

 

¿Qué son los bonos de carbono?

Son Certificados de Emisiones Reducidas (CER). “Se les dice bonos por una mala traducción del inglés; sin embargo, no lo son porque no son títulos de deuda”, aclara Eduardo Piqueiro director general de MéxiCO2, Plataforma Mexicana de Carbono de la Bolsa Mexicana de Valores. Cada CER equivale a una tonelada de CO2 que deja de emitirse a la atmósfera. Hoy en día existen varios mercados de carbono, pero para comprenderlo mejor, vamos a conocer uno de ellos.

Si bien muchas empresas han realizado grandes esfuerzos para hacer más eficientes sus procesos, utilizar energías renovables o instalar equipos que limpien las emisiones de sus chimeneas o el agua que utilicen, llega un momento en el que ya no pueden reducir más sus emisiones. La única manera sería dejar de producir y en un mundo que tiene que alimentar a más de 8 mil millones de personas y que esta cifra aumenta cada día, dejar de producir no es una alternativa viable.

Cuando dejar de producir no es una opción, las empresas pueden realizar acciones como apoyar programas de reforestación propios o externos o pagar para que otros realicen acciones para contrarrestar los gases de efecto invernadero que emiten en sus actividades productivas, aunque hayan hecho todo lo posible para reducirlas al máximo.

Imaginemos una empresa que está cerca de un rancho de silvopastoreo, que gracias a los beneficios que genera al medio ambiente, emite Certificados de Carbono los cuales ofrece a las industrias a su alrededor. Las empresas tienen entonces la opción de comprar los CER para cumplir con su obligación de disminuir sus emisiones contaminantes.

Como podemos ver, el mercado de carbono es un mecanismo de flexibilidad, donde los sectores productivos emiten Gases de Efecto Invernadero a la atmósfera y otros realizan acciones como cuidar bosques o reforestar para contrarrestar las emisiones. De esta forma los que reducen los efectos de la contaminación venden este beneficio a los que contaminan.

En este mecanismo “no importa cómo reduzcas, lo importante es que reduzcas”, comenta Eduardo Piqueiro. Además, para que los Certificados de Carbono sean válidos, tienen que ser verificados por una tercera instancia bajo una metodología internacionalmente reconocida.

El precio de cada Certificado de Carbono depende de  factores, entre ellos la historia que hay detrás de cada proyecto de captura de carbono. “Un proyecto ambiental en una comunidad desfavorecida tendrá Certificados de Carbono más caros que los que tenga un super rancho en Sonora”.

En México, el mercado de los Certificados de Carbono no está al alcance de todo el público, con precios que todos puedan ver por lo que actualmente hay pocas transacciones en este mecanismo que busca contribuir a contrarrestar las emisiones de gases de efecto invernadero y los precios de los Certificados dependen mucho de la oferta y la demanda.

Sin embargo, a partir del Acuerdo de París, tratado internacional sobre el cambio climático suscrito en 2015, México se comprometió a reducir, por lo menos en un 22% sus emisiones de gases de efecto invernadero para 2030. Por lo que el fortalecimiento del mercado de Certificados de Carbono es una gran oportunidad para el campo mexicano.

Esta meta fue incluida en la reforma a la Ley General de Cambio Climático de 2018, en la que se establece el sistema de comercio de emisiones y un periodo de prueba que terminará el 31 de diciembre de 2022. En esta prueba piloto participan las instalaciones productivas cuyas emisiones anuales sean iguales o mayores a 100 mil toneladas de emisiones directas de dióxido de carbono al año.

 

Impuestos para los grandes emisores de CO2

A partir de 2023, las industrias y empresas que están dentro del mercado regulado y obligatorio de carbono tendrán que pagar un impuesto a las emisiones de carbono, el cual podrán cubrir con proyectos que reduzcan los Gases de Efecto Invernadero o comprando Certificados de Carbono, CER.

En el sector de alimentos y bebidas en México son pocas las plantas o empresas que, por su tamaño y niveles de contaminación, están obligadas a cumplir con el sistema de comercio de emisiones. Sin embargo, aunque otras empresas o industrias menos grandes contaminen menos, de todas formas deberían adoptar tecnologías y mejorar sus procesos para reducir sus emisiones y además, ingresar al esquema, igual que las empresas grandes, para pagar impuestos por lo que contaminan o compensar con la compra de los Certificados de Carbono.

Aunque algunos estados del país como Querétaro, Jalisco, Zacatecas, Estado de México y Yucatán dicen estar listos para implementar el cobro de impuestos por las emisiones de carbono de las industrias, el panorama del sistema de comercio de emisiones es aún incierto.

Jorge Galván, gerente de Finanzas Sostenibles en Deloitte México comenta que estamos a la espera de los “lineamientos específicos que emitirá la Secretaría de Hacienda”, y el director general de MéxiCO2 añade que también se espera que la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) publique las reglas de operación de lo que viene.

Aunque hay mucha incertidumbre ahora respecto al mercado de los Certificados de Carbon, el gerente de Finanzas Sostenibles en Deloitte México considera que  el gran protagonista de los certificados de carbono dentro del sector agroalimentario sea el campo. Jorge Galván señala que en Brasil y en África se está trabajando muy bien en la venta de Certificados de Carbono relacionados con el agro por lo que “En el campo mexicano hay un área de oportunidad gigantesca en cuanto a la captura de carbono”, recalca.

Dentro del mercado voluntario del sistema de comercio de emisiones en el que participan aquellos que no están obligados por ley pero que pueden generar proyectos de captura de CO2 para vender CER, existen empresas, organizaciones y hasta comunidades con proyectos relacionados con el campo y el cuidado de la naturaleza.

En México hay 175 proyectos que buscan ser emisores de Certificados de Carbono y la gran mayoría están relacionados con temas de conservación forestal, sistemas de producción silvopastoriles y de protección de manglares. Por ejemplo, el Rancho Kampepén, en Mérida, Yucatán. En este lugar se implementa un sistema de producción sustentable de alimentos que procura el cuidado de los animales.

Los pequeños y medianos productores, las instituciones y organizaciones de la sociedad civil que tienen como prioridad el bienestar de sus cultivos y animales, mitigar la contaminación del agua, el aire, la falta del recursos en sus comunidades o evitar la deforestación y desertificación podrán aprovechar su trabajo para comercializar bonos de carbono que los grandes emisores de CO2 estarán dispuestos a pagar para reducir el pago de impuestos. “Para el campesino es una oportunidad de oro”, remata Jorge Galván.